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El proteccionismo comercial del ejecutivo de Cristina Fernández de Kirchner, desarrollado como una traba a la importación, supone un freno para la economía de Argentina y una merma en su cadena de producción.
La crisis social y económica que azota el país latinoamericano se debe principalmente a la mala gestión de sus gobiernos, pese a que muchos piensen que es culpa de una petrolera, o de dos.
Las restricciónes a la importación, como arma anticrisis del ejecutivo gaucho, provoca escasez de materias primas para la industria. La disminución de las reservas en la industria conlleva un desequilibrio que termina por aumentar la inflación. El descenso en las importaciones y las políticas intervencionistas tienen como resultado, inexorablemente, el freno a la entrada de capital extranjero.
El desajuste provocado por la falta de comercio no puede sino repercutir de forma negativa en una economía ya de por sí maltrecha.
Además de los beneficios generales, se pueden establecer una serie de ventajas en el Comercio Internacional (Caballero y Padín, 2006):
- Los países se especializan en aquellos productos donde tienes mayor eficiencia, permitiéndoles así utilizar sus recursos y elevar el nivel de vida de sus trabajadores.
- Los precios finalmente tienden a ser más estables.
- Cuando la producción interna de un país no es suficiente y no se producen los bienes necesarios, el Comercio Internacional hace posible la importación.
- Aquellos productos que puedan exceder en un país, pueden ofertarse en otros mercados, es decir, exportarlos.
- Fomenta el equilibrio entre la escasez y el exceso.
- Favorece a la balanza en el mercado internacional debido a los movimientos de entrada y salida de mercancías.
Además, las multinacionales, al existir un movimiento comercial, son cada vez menos dependientes de la situación de su país de origen. Esto resulta fundamental en tiempos de crisis y, para ello, debe existir una buena relación con todos las partes implicadas en el comercio.
El anuncio realizado por Cristina Fernández de nacionalizar Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) le permite acceder a los pozos de Vaca Muerta, “El Dorado” que argentinos y españoles, trabajando juntos, encontraron en la Patagonia. En realidad este parece ser el verdadero motivo por el que se ha tomado esta decisión y no la falta de inversión por parte de YPF. Antes de Vaca Muerta la presidenta parecía estar de acuerdo con la gestión de la petrolera.
La progresiva retirada de licencias de explotación, por parte de varias provincias argentinas, a ayudado a debilitar a la compañía y abrir el camino hacia la nacionalización. 
Sólo queda saber como repercutirá sobre Argentina y sus exportaciones ser un “apestado internacional”. También será interesante observar de que manera una multinacional invertirá dinero en Argentina sabiendo a lo que se expone, saber si los productos argentinos son considerados una “mercancía peligrosa” y, sobre todo, que represalias tomará el gobierno español ante este atropello. El gobierno español y otros muchos, ya que Cristina Fernández parece que sólo tenga como principal aliado al régimen intervencionista de Chavez.
Mientras tanto, cientos de argentinos se concentraban frente a la Casa Rosada con pancartas y gritos a favor de la expropiación de YPF.
Lo peor de todo esto es que se ha roto algo más que una asociación o relación comercial. Cristina Fernández ha separado a dos países unidos por más cosas que el comercio y el petróleo, y esto vale mucho más que 500 Vacas Muertas.





